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CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

José Manuel Pérez Tornero ya no es presidente de la CRTVE. Elegido el 25 de marzo de 2021 por mayoría de más de dos tercios del Parlamento, ha durado poco, muy poco, para las altas expectativas que suscitó su nombramiento.

Tiene formación académica, pero carece de la experiencia y las actitudes necesarias para enfrentarse a un alto cargo político y empresarial como es el de dirigir la Corporación. No fue capaz ni tuvo el valor de adoptar las medidas de reforma y regeneración que exigía una RTVE en pleno derrumbe tras el paso de la dictadora (no olvidemos nombrada a dedo, y que duró tres años en el cargo) provisional única Rosa María Mateo.

Con la credibilidad de la empresa por los suelos y las audiencias en caída libre, Pérez Tornero se limitó a ser una mera figura decorativa en manos de sus asesores (su corte de amigos) tratando de quedar bien con todo el mundo. Nunca tuvo el suficiente carácter y el miedo al fracaso atenazó su toma de decisiones. Nunca sabremos si serían acertadas o no.

Pero eso es ya historia. Centrémonos en lo importante.

 

¿Y AHORA QUÉ? ¿VUELVE LA MATEO?

A rey muerto, otro al puesto. Se abre el periodo de sucesión en una coyuntura diabólicamente compleja en la que se conjuran numerosas conspiraciones con intereses cuestionables. Lo lógico sería que tras tanta campaña de “los viernes de negro” y conspiraciones virales a base de “fakenews”, los promotores de este desaguisado se hicieran el harakiri y reconocieran que el proceso, como ya dijimos desde USO, estaba contaminado desde el origen.

Se manipuló el proceso de selección hasta colocar al candidato que, desde el poder se quería. Así que ahora lo democrático, lógico, racional y honesto sería que corriera el escalafón y accediera al cargo el siguiente en la lista del famoso concurso de méritos. Resulta que los siguientes candidatos por buenas notas y currículo no comen de la mano del color político del gobierno vigente. Así que, por supuesto, no será esa la vía elegida para mantener la credibilidad de un proceso que tanto costó moldear para sacarlo adelante.

La opción democrática sería volver a sacar a concurso el cargo. Eso abre una sima hacia el abismo que dilataría el proceso meses, sino años. Inviable en la actual coyuntura parlamentaria y por la necesidad de disponer urgentemente de un poder ejecutivo que necesita la gestión de CRTVE para seguir existiendo como empresa pública.

Sea como fuere, lo que es indudable es que el próximo presidente debe ser designado en sede Parlamentaria entre los que fueron admitidos en el concurso público y refrendado por el Consejo de Administración.

 

FÉRREO CONTROL DESDE ARRIBA

Pero, debido a que el consejo de administración no tiene capacidad ejecutiva, y que todo lo anterior conlleva unos plazos y unos tiempos que se pueden hacer interminables, gana enteros la tercera vía. La que consistente el volver a nombrar un administrador provisional único (a dedo) por Real Decreto que, como obediente títere, siga al pie de la letra las instrucciones que se le den desde las alturas (línea editorial, contratos, externalización de la producción, reparto de los recursos entre afines y amigos, etc.).

Sería una solución descaradamente fea, burda, invendible en democracia por su tinte absolutista y extemporánea. Este es el abismo al que nos ha llevado el interés sectario de los que han decidido quitarse de enmedio a un catedrático que no supo leer los deseos de quienes lo auparon a la presidencia.

De nuevo un cisne negro sobrevuela el cielo de RTVE, y por extensión, el cielo de la democracia española. La política no puede controlar su codicia por el poder y prefiere mantener en constante estrés a uno de los pilares de su sostenibilidad: la gran empresa pública (de todos los españoles) de información y comunicación. No de publicidad y propaganda como pretenden.

Someter a RTVE al vacío de poder es atarla de pies y manos para impedir su regeneración (oposiciones) y su reconversión adecuada a un mercado convulso en permanente evolución. Es el plan perfecto para que las privadas sigan repartiéndose la tarta del mercado de las audiencias condenando al que hasta hace unos pocos años era uno de sus principales obstáculos.

El buen periodismo es el que sigue la pista del poder y el dinero. Y en este caso la prueba del delito es apabullante. Y de nuevo la moneda de cambio y los daños colaterales serán los espectadores y nosotros, los trabajadores. Al tiempo...

 

 

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